Espaldarazo del FMI a la reforma laboral

Juan Ramón Rallo. Doctor en Economía, director del Instituto Juan de Mariana, profesor en el centro de estudios OMMA y en IE University.

La reforma laboral del Partido Popular ha sido uno de los mayores caballos de batalla de la izquierda desde que fue aprobada en febrero de 2012. Ocho años después, la inquina contra esta pieza legislativa no se ha alterado (al menos, de cara a la galería) y, de hecho, el actual Gobierno de coalición PSOE-Podemos dice tener entre sus prioridades la derogación (en todo o en parte) de la reforma laboral. Pero, ¿por qué deberíamos eliminarla? ¿Por qué razón tendríamos que cargarnos el marco de relaciones laborales alumbrado en 2012? De acuerdo con la izquierda, por los nefastos efectos que ha tenido a la hora de precarizar los contratos de trabajo, de bajar los salarios y de disparar la desigualdad. Pero cuando miembros del PSOE o de Podemos efectúan este tipo de afirmaciones, lo hacen sin ninguna clase de fundamento: no apelan a ningún estudio o análisis que acredite tales asertos sino que se limitan a apuntalar las consignas propias que han venido repitiendo, con el mismo nulo fundamento, desde hace años.
Esta semana, en cambio, dos economistas del Fondo Monetario Internacional acaban de publicar un informe sobre las repercusiones económicas de estos cambios en la legislación y su conclusión no puede ser más clara y rotunda: «Las reformas laborales de 2012 ayudaron a mejorar el empleo y la igualdad de ingresos sin un impacto sustancial en el riesgo de pobreza general».
Más en particular, el Fondo ha construido un indicador sintético de empleo, paro juvenil, parcialidad, riesgo de pobreza y desigualdad compuesto por los datos de otros países –que hasta 2012 habían seguido una trayectoria casi calcada a la de España– y, a partir de ahí, analiza en qué medida la reforma laboral terminó afectando a cada una de estas variables. Así, la creación de empleo en España aumenta a partir de 2012
mucho más rápido que la del indicador sintético y el desempleo juvenil también desciende a una velocidad mucho más intensa.
La única nota potencialmente negativa que detecta el estudio es un incremento de los empleos a tiempo parcial, aunque el mismo Fondo reconoce que podría no estar causado por la reforma, sino por el cambio estructural que ha experimentado la economía española hacia sectores con un mayor peso del empleo a tiempo parcial (puesto que, además, el número de trabajadores con empleo parcial no deseado permanece inalterado con respecto a su trayectoria esperable sin reforma laboral): y, en todo caso, aunque el aumento de la parcialidad incrementa la pobreza laboral, en conjunto la población en riesgo de pobreza disminuye, así como también lo hace la desigualdad.
O dicho de otra manera: todo el relato que PSOE y Podemos han ido construyendo durante años alrededor de la reforma laboral es un relato en esencia falaz. Sin reforma laboral tendríamos menos empleo, más paro juvenil y más desigualdad: no en vano, y como ya detectó la OCDE al inicio de la crisis, el 80% del incremento de la desigualdad que experimentó España durante sus dos recesiones se debió a la masiva destrucción de empleo (y sólo un 20% a las crecientes divergencias salariales), de manera que la forma de reducirlo era, obviamente, fomentar la creación de nuevo empleo con mucha más flexibilidad regulatoria de la que teníamos.
Todo lo anterior no significa, como es lógico, que no haya aspectos muy mejorables en nuestra legislación laboral presente: seguimos padeciendo una tasa de desempleo muy alta, una tasa de temporalidad escandalosa, demasiadas ocupaciones a tiempo parcial no deseadas, etc. Pero el camino para solventar esos problemas no es derogar la reforma laboral de 2012.

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