La formación continua ante cambios y crisis globales

Una crisis global implicará cambios en muchos aspectos de la vida.

La necesidad de dotarse de una formación actualizada está presente en cualquier foro de actualidad, o artículo destinado a destacar necesidades actuales y prioridades futuras. Existe un acuerdo unánime con respecto a la importancia del aprendizaje a lo largo de toda la vida, algo que en inglés de define como «lifelong learning».

La formación no puede reducirse solamente a las primeras etapas de la vida, culminando en la universidad, sino que los cambios obligan a una puesta al día constante y no sólo en conocimientos técnicos.

Vivimos en un mundo que Thomas L. Friedman, de The New York Times, ha tratado de explicar bajo la influencia de tres vectores: La aceleración tecnológica, la globalización digital y los retos del cambio climático. Un conjunto que define como la era de las aceleraciones. Estos cambios hacen imprescindible la actualización constante de conocimientos. Algo que para las empresas debe formar parte de su modelo de sostenibilidad y de su plan estratégico, pero también para las personas en una profesión o un trabajo, en un entorno que se les modifica con intensidad.

Desde la perspectiva personal, no se trata solamente de formarse en aspectos de la profesión propia, tales como nuevos conocimientos, red de relaciones, etc., sino también en habilidades transversales que ayuden a una mayor polivalencia laboral.

Esa actitud «lifelong learning» potenciará sociedades mucho más aptas para adaptarse a los cambios, en especial los cambios globales que pueden acompañar a una recesión provocada, como ahora, por la crisis sanitaria.

 

Respuesta flexible

La formación constante potencia la capacidad de aportar valor en distintos entornos y etapas, por ello debe ser una prioridad personal, educativa y social. Para avanzar en este sentido es necesaria una actitud innovadora en muchos ámbitos de la sociedad, en las empresas y en la oferta educativa de las escuelas y universidades. La innovación tiene que estar presente en todo el tejido educativo, desde la educación primaria, a la formación superior en sus distintos grados y especialidades.

Aquí es importante destacar que, tras el paso por la universidad, o por las enseñanzas especializadas, hasta ahora se entendía la actualización posterior como una opción, desde hace tiempo es ya una necesidad. Es importante cultivar una actitud «lifelong learning» basada en aprender, además de tecnologías, las habilidades transversales necesarias para desenvolverse en entornos distintos a los propios. En la formación continua destacan tres características que es conveniente promover, valorar e incentivar, entre otras: Curiosidad, empatía y entusiasmo.

Una crisis global implicará cambios en muchos aspectos de la vida y en la forma en que se desarrollan las tareas productivas de bienes y servicios. Las instituciones educativas deberán ser un factor determinante en la educación en competencias transversales tales como la motivación, el espíritu emprendedor, la flexibilidad y la capacidad de innovar a todos los niveles para que estudiantes muy diversos puedan potenciar su formación a lo largo de la vida y conseguir una sociedad con una respuesta flexible ante la aceleración y las crisis globales.

Elaborado por Joaquín Solana Oliver, profesor del Departamento de Empresa y Economía de la Universitat Abat Oliba CEU

 Fuente:El  economista

 

 
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