Warren Sánchez educa

Blog Carlos Rodriguez Braun.
Leí este verano en la prensa de Sevilla la noticia de que el Gobierno de Warren Sánchez, el hombre que tiene todas las respuestas, también quiere quedarse con toda la educación infantil. Se trataba del plan oficial de destinar 670 millones de euros para la creación de más de 65.000 plazas de titularidad pública para niños de cero a tres años.

A pesar de lo que parece, no es una buena noticia, porque no son plazas necesarias. Como ha bajado la natalidad, señaló Maribel Uncala, de la Asociación Andaluza de Escuelas Infantiles Unidas, «el 40 % de las plazas de educación infantil en Andalucía no se cubre».

En tales condiciones ¿por qué crear más plazas? Responde doña Maribel: «Sencillamente para llevar a cabo su programa de sesgo político-ideológico y controlar la educación desde la primera etapa en colegios públicos». Y, además, para colmo de males, «poniendo en peligro el trabajo en Andalucía de once mil mujeres que trabajan en las guarderías».
Evidentemente, mandar a esas once mil mujeres al paro no les preocupa en lo más mínimo a Warren Sánchez y sus secuaces, siempre tan feministas. Ellos, como todos los socialistas de todos los partidos, quieren controlar la propaganda, herramienta indispensable del socialismo. Y ante ese propósito fundamental, el desempleo de las mujeres que trabajan en los centros privados no cuenta para nada.

Por eso, creo que se equivoca la señora Uncala cuando declara: «El dinero debía ir directamente a las familias para que puedan llevar a sus hijos a educación infantil». Doña Maribel, eso es exactamente lo que Warren no quiere, es decir, la libertad de elegir de las mujeres. Eso nunca. La libertad de las mujeres, nunca.

Gracias a Dios, caben dos esperanzas. Una es que la propaganda no es omnipotente, y las intenciones liberticidas de la izquierda pueden ser detectadas por la población, y eventualmente resistidas. Y la otra es que el señuelo fundamental del antiliberalismo puede ir perdiendo eficacia. Ese señuelo, claro está, estriba en la ilusión de que la educación pública, como se predica incesantemente de todo lo público, es «gratis».no 

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