La inflación y el gasto desbocado descarrilan la recuperación

La recuperación qe dibujaron Sanchez y Calviño descarrila por la inflación y al gasto desbocado.
Fuente:El Economista
La vicepresidenta tercera, Teresa Ribera, más preocupada por la supervivencia del lobo ibérico y por acelerar la transición energética que por el bolsillo del ciudadano, intentó solventar la subida de la luz metiendo la mano en la cuenta de resultados de las eléctricas en vez de reformar la tarifa. Este viernes tuvo que rectificar.
El ministro de Seguridad Social e Inmigraciones, José Luis Escrivá también se equivocó al aceptar la indicación de las pensiones a los precios al consumo para lograr el apoyo de los sindicatos y de su propio Gobierno, pensando que la inflación se mantendría próxima a cero durante un tiempo casi infinito.
La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, se sumó al carro de los errores al asumir incrementos de los sueldos de los funcionarios por encima del IPC y mantenerlos.
Me recuerdan aquella canción de Joan Manuel Serrat: «Se equivocó la paloma / se equivocaba por ir al norte fue al sur / creyó que el trigo era agua, se equivocaba». El Gobierno de Sánchez tiene un problema y gordo debido a la irrupción de un evento inesperado en el panorama económico, la inflación, una especie de cisne negro que no había previsto y que amenaza con destrozar sus planes después de que en agosto alcanzara el 4 por ciento, un nivel nunca visto desde comienzos del siglo.
La inflación es un serio problema, porque descuadra las cuentas públicas en un momento en que hay que empezar a meterlas en vereda otra vez tras la pandemia y porque empobrece a millones de ciudadanos, que verán cómo pierden aún más poder adquisitivo. Los sindicatos redoblarán su presión para intentar contrarrestarlo con subidas de sueldos superiores al tres por ciento, después de forzar un alza del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) próxima del 30 por ciento en la última legislatura, que creará fuertes tensiones sociales.

La situación se volverá insostenible para muchas empresas y se traducirá en un incremento de su mortalidad (han desaparecido alrededor de 44.000 en lo que llevamos de año), porque a los sueldos ó la energía tendrán que sumar el alza de las materias primas. El paso siguiente es un frenazo en la recuperación que desembocará en una moderada estanflación, es decir bajo crecimiento de la economía con tasas elevadas de desempleo y precios al consumo.
La subida de la luz y de los precios al consumo coge con el pie cambiado a Sánchez y Calviño Los primeros síntomas de debilidad se conocieron la semana pasada, cuando el Instituto Nacional de Estadística (INE), un referente de rigor en la elaboración de los datos macroeconómicos, sorprendió a la vicepresidenta primera y titular de Economía, Nadia Calviño, al rebajar del 2,8 al 1,1 por ciento el crecimiento del segundo trimestre. Los datos del INE dieron la voz de alarma y provocarán, según los expertos, una cascada de revisiones a la baja de las estimaciones de los organismos internacionales para la economía española. El consumo y la inversión empresarial, después del despendole veraniego, han echado el freno ante un horizonte incierto provocado por el encarecimiento de la vida. En España, el panorama será más complicado porque el Gobierno incrementó el gasto estructural por la vía de las pensiones y los sueldos públicos durante la pandemia y ahora tendrá que abonar una factura adicional de más de 11.000 millones anuales al ritmo actual de los precios. Se equivocan Calviño y Sánchez porque de esta crisis no se va a salir con el empuje que en las anteriores. Los mecanismos de protección al empleo a través de Ertes o de ceses de actividades de los autónomos han amortiguado el impacto social, pero en contrapartida provocan una caída de la productividad por empleado, que se traducirá a medio plazo en un recorte de las plantillas y el empleo. La economía aguantará aún a buen ritmo durante el año que viene, pero es difícil que recupere los niveles prepandemia antes de 2023 y a partir de ahí todo dependerá de la política monetaria. Esta semana la presidenta del BCE, Christine Lagarde, se mostró prudente sobre la inflación para mantener la calma de los mercados financieros. Europa extrema la vigilancia de las reformas para obtener los fondos Next Generation En los próximos meses, tendrá que desarrollar un verdadero equilibrio para ir retirando estímulos monetarios sin que provocar un shock financiero. Aunque por mucha habilidad que tenga la historia enseña que esos procesos siempre acaban con un deterioro del crecimiento. Todo dependerá de la persistencia de las tensiones inflacionistas. Hasta ahora, los economistas las calificaban de temporales o pasajeras porque se atribuían a un estrangulamiento de la oferta de productos y servicios ante la estampida de la demanda provocada las vacunas y el fin de la pandemia. Pero cada vez se empiezan a valorar factores más estructurales ó permanentes. El encarecimiento de materias primas como los metales obedece a la era del proteccionismo inaugurada por Donald Trump y continuada por su sucesor en la Casa Blanca, Joe Biden. El multilateralismo predicado durante décadas por las diferentes administraciones americanas está siendo sustituido por el regionalismo. Una prueba es la alianza de Estados Unidos, Reino Unido y Australia en materia de defensa, que dejó sin un importante contrato para la construcción de submarinos por cerca de 30.000 millones al Gobierno Macrón. Detrás de los récords del gas o del petróleo está una drástica reducción de las inversiones en hidrocarburos, que no tiene visos de recuperarse si se quiere cumplir con los exigentes plazos de descarbonización acordados en la Cumbre de París. La paralización de algunas fábricas chinas por escasez de combustible provocó esta semana la ruptura en la cadena de distribución de algunos productos como los microchips, indispensables para la construcción de automóviles. El principal elemento dinamizador de la economía española son los fondos Next Generation, a los que el Gobierno se agarra como a un clavo ardiendo para augurar un futuro mejor. Pero el Banco de España ya redujo su aportación al PIB desde el 2,5 por ciento previsto por Calviño a menos de un punto, en su última revisión. Los fondos van destinados a resolver problemas estructurales como la digitalización ó la transición ecológica y su efecto es a medio o largo plazo. Y también aquí habrá problemas, porque la llegada el nuevo gobierno alemán provocará una vigilancia más estrecha de las condiciones para su desembolso. Y más si se confirma la cartera del Ministerio de Finanzas para el liberal Christian Lindner, partidario de volver a las estrictas condiciones de deuda y déficit del Pacto de Estabilidad. El Gobierno tiene muy difícil cumplir con dos de los requisitos de los Next Generation: la reforma laboral y de pensiones, a la vista de las diferencias con Podemos y la bronca política entre Escrivá y la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz. Completar la reforma de las pensiones exigirá pactar un mecanismo corrector con Podemos y los sindicatos, en sustitución del factor de sostenibilidad introducido por Fátima Báñez, algo que se antoja imposible a día de hoy. En la reforma laboral, las posiciones están muy distanciadas entre Diaz, que quiere derogarla, y la flexibilidad que exige Bruselas para crear empleo entre los jóvenes. Los rifirrafes a raíz de los presupuestos muestran que la coalición de Gobierno de Sánchez tiene los pies de barro. Su única salida es ceder en el último minuto, como hizo con el rejonazo a las eléctricas. Pero se trata de parches, que no solventan los problemas, como se vio con el recibo de la luz. ¿Dónde está la recuperación económica que dibujó Sánchez a la vuelta del verano? Se esfumó con el estío. «Se equivocó la paloma, se equivocaba,/ creyó que el mar era el cielo, que la noche era la mañana / que las estrellas eran rocío, que la calor era nevada, se equivocaba», como decía Serrat. Entidades
Generic placeholder image Amador G. Ayora Director de elEconomista
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