Qué podemos esperar de la economía mundial en la segunda mitad de 2024.-

Fuente: IESE Insigt.-Universidad de Navarra

Cómo atajar la inflación y reducir la deuda pública en un mundo plagado de tensiones geopolíticas

En gran parte del mundo, la inflación sigue siendo elevada y la deuda pública representa una carga para muchas economías avanzadas, como España e Italia. Al mismo tiempo, vivimos un momento de policrisis; la invasión de Ucrania, la guerra entre Israel y Hamás y la incertidumbre en las próximas elecciones en la UE y Estados Unidos están afectando a la economía, la forma en cómo las empresas hacen negocios y la manera en que los gobiernos regulan el comercio.

Aunque es imposible predecir el futuro, los profesores del IESE Pedro Videla y Javier Díaz Giménez sostienen que hay factores para tener en cuenta a la hora de prepararse para los próximos retos.

La inflación sigue preocupando

Uno de los temas más preocupantes es la inflación, que continúa en máximos con 5,9% a escala mundial, 3,4% en Estados Unidos y 2,4% en la eurozona.

Según Videla, el principal desencadenante fue la pandemia de Covid-19. Durante el confinamiento de 2020, el PIB per cápita sufrió la mayor caída registrada desde que el FMI comenzó a recopilar datos. El mundo nunca había visto un impacto económico de esta magnitud durante «tiempos de paz», afirma Videla.

«Con una disminución de los bienes disponibles, todo el mundo entró en recesión. El impacto fue más allá de la pandemia”, comenta Videla. “¿Por qué ocurrió? Porque mantener a la sociedad en casa es una política muy regresiva”.

Mientras tiendas y restaurantes cerraban, algunos definitivamente, millones de empleados en las economías avanzadas seguían trabajando desde casa: ganando dinero, pero sin gastarlo. La inflación fue la respuesta a esa recesión y, afortunadamente, para los deudores puede funcionar como un impago implícito, según Videla.

Las perturbaciones de la oferta causadas por las restricciones de movilidad y la reducción en la actividad económica también contribuyeron a la inflación. Pero no fue hasta que Rusia invadió Ucrania a principios de 2022 cuando la inflación se disparó realmente.

«Si queremos que baje la inflación, tenemos que deshacernos del exceso de reservas de los bancos centrales», apunta Videla. Reconoce que esto provocaría una subida de los tipos de interés nominales, pero argumenta que los tipos de interés reales sólo aumentarán una pequeña cantidad. «La política monetaria ha sido restrictiva, pero no lo suficiente como para deshacerse realmente de la inflación».

Por su parte, Díaz Giménez recomienda mirar más allá de las tasas de inflación actuales. Una economía no se mide por si es buena o mala en valores absolutos, sino por comparación: con el desempeño del pasado, con otros países y con las expectativas de los economistas. Si hacemos todas estas comprobaciones, según Díaz Giménez, veremos que España en realidad va bastante bien.

Aunque la inflación sigue por encima de los niveles previos a la pandemia, estas cifras se han mantenido por debajo de lo previsto para el primer trimestre de 2024. Y lo que es más importante, a España le va mejor que a muchos otros países de la UE, especialmente respecto a Alemania, cuyo PIB está estancado.

El problema de la deuda pública

Uno de los principales problemas que afectan el aumento de los tipos de interés, medida que podría ayudar a reducir la inflación, es la deuda pública. El mundo debe el 250% del PIB mundial, pero esta deuda no se distribuye equitativamente entre todos los países. En las economías avanzadas, la deuda pública se sitúa en torno al 120% de su PIB en promedio, mientras que en las economías emergentes ronda el 60% de su PIB.

Al mantener bajos los tipos de interés, el Banco Central Europeo está creando espacio fiscal para países como España e Italia, a pesar de sus elevados niveles de deuda pública. Sigue comprando bonos españoles e italianos para mantener bajos sus tipos de interés implícitos. Para Videla, las acciones del Banco Central Europeo son, en parte, decisiones más bien políticas porque si España o Italia incurren en impago, la zona euro podría desmoronarse.

Hay varias formas de reducir la ratio deuda pública/PIB, pero todas tienen su lado negativo, añade Videla. Los gobiernos podrían aplicar ajustes fiscales, lo que supondría una subida de impuestos, o podrían incumplir sus promesas, lo que provocaría una debacle macroeconómica en países como España e Italia.

Aspiramos a un aterrizaje suave, pero eso es casi imposible», advierte Videla. «No llegaremos a un aterrizaje suave porque si lo intentamos entraremos en recesión. Así que, viendo el equilibrio entre crecimiento e inflación de esta manera, yo diría que lo mejor es quedarnos donde estamos: con una inflación por encima del objetivo del 2%, pero con un PIB en crecimiento.»

Sin embargo, Díaz Giménez argumenta que, cuando los economistas hablan de deuda pública, es importante tener en cuenta lo que está haciendo el sector privado. «España es la suma de sus hogares, empresas y administraciones públicas». «Si observamos los datos de la economía española en 2023, vemos que, a pesar de su deuda pública, España tuvo un superávit de 40.000 millones de euros en su balanza por cuenta corriente. Esto significa que el país financió al resto del mundo con esa cantidad. Así pues, ambas cosas pueden ser ciertas: tenemos que reducir nuestra deuda pública, por supuesto, pero en la última década aproximadamente, el sector privado español ha creado tal exceso de capacidad de financiación, que ha compensado el persistente déficit público.»

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