El acuerdo comercial postbrexit en cinco claves.

Fuente.: The New York Times.

El Reino Unido y la Unión Europea pasaron meses negociando cuáles serán los términos de las relaciones comerciales después del 31 de diciembre. Aquí un resumen de lo que viene ahora.

El Reino Unido y la Unión Europea llegaron a un acuerdo comercial el jueves, lo que establece los términos de sus relaciones comerciales después de que se complete la reñida separación del bloque europeo el 31 de diciembre.

Los legisladores británicos habían discutido durante años el divorcio, conocido como brexit. El Reino Unido dejó formalmente la Unión Europea el 31 de enero, poniendo fin a casi medio siglo de estrechos lazos con Europa, pero continuó siguiendo las reglas del bloque durante un período de transición destinado a dar tiempo a ambas partes para negociar el acuerdo comercial alcanzado esta semana.

 

Estos son los términos básicos de ese acuerdo.

Durante mucho tiempo, las empresas británicas han sido capaces de mover bienes hacia y desde la Unión Europea sin pagar impuestos o aranceles. Si las dos partes no hubieran llegado a un acuerdo antes de la fecha límite del 31 de diciembre, se habrían impuesto aranceles, lo que habría elevado considerablemente el precio de los automóviles y dificultado mucho más a los granjeros británicos la venta de carne, por ejemplo, al mercado europeo.

Una separación sin acuerdo también parecía probable que crease un atasco en los puertos británicos y tendría camiones varados a ambos lados de la frontera.

El nuevo acuerdo significa que el Reino Unido evita los onerosos aranceles o cuotas sobre las mercancías. Pero aún podrían surgir problemas en la frontera, ya que los controles aumentarían y los comerciantes tendrían que rellenar nuevas declaraciones de aduanas.

Y las relaciones comerciales se enfrentan a más restricciones. La Oficina de Responsabilidad Presupuestaria ha estimado que el producto interno bruto en Reino Unido podría ser un cuatro por ciento más bajo acumulativamente durante los próximos 15 años de lo que habría sido si el país hubiera permanecido en la Unión Europea. Sin un acuerdo, se proyectaba que esa caída sería aún mayor.

El acuerdo no fue una sorpresa. Para algunos comentaristas, un brexit sin acuerdo siempre había parecido más una palanca útil para fines políticos que un resultado probable de las negociaciones.

El número de personas empleadas en la industria pesquera británica ha disminuido en las últimas décadas, y el gobierno británico aprovechó su separación de la Unión Europea para revivir la industria al cortar el acceso de las empresas europeas a las aguas británicas. En un principio, el Reino Unido pretendía reducir en un 80 por ciento la proporción de pescado que los barcos de la Unión Europea podían capturar en aguas británicas.

Boris Johnson, primer ministro de Gran Bretaña, hizo importantes concesiones en ese punto: la cuota de pesca de la Unión Europea en aguas británicas se reducirá en un 25 por ciento, según los medios británicos. Pero Bruselas también se comprometió: esa reducción de la cuota entrará en vigor en cinco años y medio, aproximadamente la mitad de lo que la Unión Europea quería en un principio.

Los trabajadores británicos, descontentos por no tener acceso exclusivo a la pesca en aguas británicas, pueden quejarse del acuerdo. Pero los analistas han dicho que los barcos británicos no tendrían la capacidad de capturar todo lo que una vez fue a los barcos europeos, incluso si tuvieran la oportunidad de hacerlo.

Un escenario sin acuerdo también habría forzado los aranceles a las empresas pesqueras británicas, haciendo más difícil que vendieran lo que capturaron a la Unión Europea a precios competitivos.

Los ciudadanos de los estados miembros de la Unión Europea pueden buscar trabajo en otras partes del bloque, trabajar allí sin necesidad de permisos especiales y quedarse después de haber dejado sus trabajos. Pero el acuerdo comercial pone fin a la libre circulación de personas entre el Reino Unido y el continente.

 

Como mercado único y unión aduanera, la Unión Europea también acordó adoptar las mismas normas y reglamentos para que los bienes, servicios y capitales puedan circular libremente a través de las fronteras de los países del bloque. Y acordó aplicar los mismos impuestos a los bienes procedentes de fuera del bloque, lo que significa que pueden ser enviados dentro de la Unión Europea sin tener que pagar aranceles adicionales.

Pero ahora el Reino Unido dejará tanto el mercado único como la unión aduanera y podrá realizar acuerdos comerciales con otros países. Esos puntos estaban entre las demandas de los legisladores antieuropeos más agresivos de Gran Bretaña.

A cambio de permitir a las empresas británicas evitar los aranceles, la Unión Europea quiso asegurarse de que esas empresas no obtendrían ventajas injustas sobre sus rivales europeos. A los líderes del bloque les preocupaba que el Reino Unido diera una mano a sus propias empresas mediante ayudas estatales adicionales, o mediante la reducción de las normas medioambientales o laborales.

El Reino Unido no quería que la Unión Europea pudiera imponer automáticamente sanciones si decidía apartarse de las normas europeas. Por lo tanto, ambas partes trabajaron en la creación de un mecanismo por el cual cualquiera de ellas pudiera presentar una queja si tuviera pruebas de que una de ellas había cambiado la normativa de manera que pusiera a las empresas de la otra en desventaja.

Como último recurso, si Gran Bretaña y la Unión Europea no podían encontrar un terreno común en tal escenario, se pueden imponer aranceles para asegurar que una de las partes no tuviera una ventaja demasiado grande.

El acuerdo comercial se refería principalmente a los bienes que cruzan las fronteras. Pero la economía británica depende enormemente de su sector de servicios, y el acuerdo no facilitó inmediatamente a las empresas británicas la venta de servicios financieros y otros servicios a sus vecinos europeos.

Una vez que el período de transición termine el 31 de diciembre, los corredores de Londres abandonarán el mercado único de servicios financieros de la Unión Europea.

Ambas partes han dicho que cada uno de ellos quería ser capaz de evaluar en el futuro si las regulaciones de servicios financieros del otro lado eran igualmente estrictas, y si podían seguir con la compra y venta de servicios fácilmente a través de las fronteras.

Pero ese sistema no será tan sencillo para los bancos y los comerciantes como el actual.

Benjamin Mueller es corresponsal en el Reino Unido de The New York Times. Fue reportero de temas policiales y de las fuerzas del orden en la sección Metro desde 2014.

 

 

 

 

 

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